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Mostrando entradas de mayo, 2014

¿Me quiere o no me quiere?

Era primavera y Elisa estaba paseando por el campo. En su camino encontró unas margaritas y decidió coger una y hacer lo que hacía de pequeña para saber si el chico que le gustaba la quería. Elisa cogió la flor y empezó a arrancar los pétalos mientras iba diciendo: Me quiere, no me quiere, me quiere… Llegó al último pétalo y le tocó no me quiere. Entonces cogió otra margarita y empezó a deshojarla, mientras decía lo de me quiere, no me quiere, me quiere… ¡Me quiere! Gritó entusiasmada.
Era sólo un juego, y como es de esperar, esto no significaba que el chico la quisiera o no. Pero sin darse cuenta, con este juego aprendió una cosa importante. Al coger la primera margarita le tocó que el chico no la quería. ¿Y que hizo ella? Cogió otra margarita. Así aprendió a que si una persona no te quiere no debes perder el tiempo con ella, sino en su lugar, lo que debes hacer es buscar a otra persona que te quiera y te cuide.

La leyenda de las tres cruces

Según cuentan existe un pueblo rodeado de montañas donde por invierno hay una gran cantidad de tormentas y las lluvias son abundantes. Debido a esto, de las montañas se solían desprender muchas rocas y, además, había numerosas inundaciones. Esto hacía que los vecinos no pudiesen vivir tranquilos.
Sobre principios del siglo XVIII los habitantes de aquella población, hartos de las inundaciones y de los desprendimientos de rocas durante el período invernal, acudieron al fraile Buenaventura para que les diese una solución. 
Este monje que vivía en un convento, que había fundado él mismo en aquella preciosa localidad, pensó una solución. Tras consultarlo con su señor, según él, le dijo al pueblo que iba a colocar tres cruces bendecidas, una cruz en cada uno de los cerros que rodeaban al pueblo.
Tras colocar las cruces, ya no se volvió a caer ninguna roca de esas montañas. Las cruces cumplían su misión de proteger el pueblo.
Unos años más tarde, en su lecho de muerte, el fraile Buenaventur…

El trayecto en autobús

Era una mañana de junio y el sol brillaba en el cielo azul. Me disponía a coger un autobús para ir a ver a Elisa a una población cercana.
Tras soltar mi maleta en el maletero, me dispuse a subir en el autobús. Al montarme el autobús estaba medio vacío así que pude elegir asiento. Me senté junto a la ventana en la quinta fila. Como era junio tenía un examen cerca y pensé en estudiar durante el trayecto. Pero hubo varias cosas que me distrajeron y por las que desistí en el empeño de estudiar.
Comenzó el viaje, y en la tercera fila viajaba un travestí que inició una conversación con la señora que iba al lado de él. Yo irremediablemente me enteré de lo que estaban hablando. Resulta que esta persona trabajaba cuidando ancianos y empezó a contarle a la señora una cosa que le había sucedido en un piso de ancianos en el que trabajaba. El travestí cuidaba a un matrimonio de personas mayores y ninguno de los dos ancianos podían ir solos al baño por sus problemas de salud. Cada vez que llevaba …

"La princesa, el príncipe y el dragón"

Érase una vez una princesa que quería salvar a su príncipe que estaba prisionero en la torre más alta de un castillo. Consiguió entrar escondida en aquella fortaleza. Y una vez que estaba debajo de la torre dispuesta a salvar al príncipe apareció un enorme dragón.
Final feliz
La princesa cogió un escudo del suelo y sacó la espada para luchar. Y tras un largo combate consiguió matar a aquel dragón.
Ahora sólo le quedaba sacar de la torre a su príncipe. Por suerte, encontró unas escaleras escondidas por el castillo y consiguió así su objetivo. Así el príncipe y la princesa fueron felices y comieron perdices.
Final triste
La princesa estaba dispuesta a luchar contra el dragón, pero entonces aparecieron dos soldados del castillo y la hicieron prisionera en una torre al lado del torreón del príncipe. Así la princesa y el príncipe nunca jamás pudieron volver a tocarse.

La primera vez que te vi

La primera vez que te vi estabas en un banco sentada con tus amigas. A un amigo mío le gustaba una amiga tuya, y yo, atrevido por aquel entonces, fui a preguntarle a tu compañera que si quería conocer a ese amigo mío. Ella me dijo que no y se puso colorada, mientras tú no parabas de reírte de aquella situación.
Tras aquello decidí agregarte a una conocida red social para hablar contigo y conocernos. Al principio empezamos hablando de cómo juntar a nuestros amigos pero poco a poco empezamos a cambiar de tema y nos fuimos conociendo.
Pasado un tiempo, te vi por la calle con tu amiga y empecé a hablarte. Estaba tan nervioso que no sabía que decir. Aunque tú tampoco sabías de que hablar.
Un mes más tarde, nuestros grupos de amigos se juntaron y comenzamos a salir juntos. Ahí me dio tiempo a conocerte mejor, y tras varios meses detrás de ti. Un día me decidí a decirte lo que sentía.
Fue una noche de sábado en la que te mire a los ojos y tú me miraste a mí, y finalmente se juntaron nuestro…