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Mostrando entradas de abril, 2014

La chica de la quinta fila

Todo comenzó un día al finalizar mi clase de recursos humanos en la facultad. Un alumno erasmus se dirigió a mí y me preguntó que si podíamos cambiar la clase de horario y darla una hora antes, para que así no tuvieran una hora libre entre una clase y otra. Yo le contesté que si se ponía de acuerdo todo el grupo no tendría problemas en cambiar la hora.
En la siguiente clase, el mismo alumno levantó la mano y tras yo darle permiso para hablar, se levantó, y propuso al resto de compañeros el cambio de horario. Se escuchó un murmullo en la clase y parecía que todos estaban de acuerdo con aquel estudiante. Entonces yo dije: "Si una sola persona no quiere cambiar el horario no lo cambiaremos". Y seguidamente pregunté: "¿Hay alguien que no esté de acuerdo?".

Sorprendentemente una chica levantó la mano, sin dejarse llevar por las opiniones de sus compañeros. Todo el mundo giro la cabeza para mirar quién había levantado la mano. Yo me quedé perplejo por la valentía que mo…

La sonrisa de Elisa

Cada mañana que me levanto a tu lado lo primero que miro es tu cara, cuando más me gusta es cuando estás sonriendo. Tu sonrisa fue en lo primero que me fijé la primera vez que te vi. Y ahora cada mañana es lo que quiero ver al despertar. Esa sonrisa que tienes me encanta.
Como decía William Shakespeare: "Es más fácil obtener lo que se desea con una sonrisa que con la punta de la espada". Sin duda tenía razón, porque tú con una sonrisa consigues sacar lo mejor de mí, captas toda mi atención y te doy lo que quieras para que cada vez que te mire me vuelvas a sonreír.
El problema está en que no siempre puedo hacerte sonreír porque mi estado de ánimo no me lo permite, así que lo único que te pido, Elisa, es que en esos días seas tú la que con tu sonrisa y apoyo me hagas feliz.

Noche sin sexo

Tomás era un joven estudiante universitario que vivía en un piso compartido con otros dos estudiantes. Su habitación estaba separada por un fino tabique de los dormitorios de sus compañeros.
Tomás era una persona que daba muchas vueltas en la cama, se movía mucho, y algunas mañanas aparecía destapado, sin ninguna manta. Una noche se fue a dormir y su cama hacía ruido con cada uno de sus movimientos.
A la mañana siguiente, se despertó temprano para ir a su facultad. Cuando iban de camino él y su compañera de piso, ésta le dijo que esa noche no había podido dormir bien porque decía que el vecino no había parado de hacerlo en toda la noche. Lo que no sabía su compañera era que los ruidos que había escuchado no provenían de la casa del vecino, sino que se produjeron en la habitación de Tomás. Éste al oír eso, le entraron ganas de reírse, pero en lugar de decirle lo que realmente había sucedido, le siguió la corriente y le respondió: "Yo también escuche algo anoche". 
Al día sig…

El niño que soñaba con ser héroe

En 1990 había un niño que se pasaba el día leyendo cómics y viendo dibujos animados de superhéroes. Este niño soñaba con ser uno de ellos cuando se hiciese mayor. Se imaginaba con una capa ondeante al viento y una máscara que ocultaba su identidad. Como casi todos los héroes necesitaría tener un empleo para ganarse la vida y compaginarlo con su deber de salvar el mundo. El pensó, como no, trabajar de periodista.
El niño se fue haciendo mayor y se dio cuenta de que nunca lograría ser un superhéroe como los que aparecían en sus cómics, entre otras cosas porque no encontraba a la araña adecuada, ni provenía de otro planeta, y por tanto, no tenía poderes. Este niño era normal como cualquier otro niño de su edad.
Llego un día en el que el niño se dio cuenta de que no le hacía falta superpoderes para ser un auténtico héroe. Y entonces pensó en hacerse bombero, de esta forma ayudaría a la gente y podría ganarse la vida. Así fue como el niño que leía cómics pasó a ser un héroe de carne y hue…

Recuerdas...

Recuerdas aquel viaje a París, lo pasamos genial. Vimos la Torre Eiffel, admiramos las mejores obras del Museo del Louvre, fuimos a Disneyland…
Recuerdas aquel puente en el que colgamos un candado. En un lado del candado pusiste nuestros nombres y, en el otro, POUR TOUJOURS (Para siempre en francés). Buscamos un sitio donde colocarlo y lo cerré.
Yo tenía las 2 llaves que traía el candado, me pediste las llaves y te dí una. La tiraste al río. Tras esto te distes cuenta de que el candado traía dos llaves, una de las cuáles tenía yo en la mano. Te enfadaste un poco porque querías haberlas tirado las dos tú al mismo tiempo. Yo te dije: "Voy a tirarla ahora". Pero me dijiste con tono de enfado: "Ya no hace falta". Entonces yo me guarde aquella llave en el bolsillo.
El otro día discutimos, por una tontería para mí pero para ti fue algo muy serio, tan serio que me dejaste.
Hoy en un rincón de mi habitación, desolado, recuerdo los momentos que pasamos juntos,  y en especi…